Seis meses y un día

Todo empezó un bello día de primavera. Vivíamos tranquilos en nuestros hogares, cada uno con las típicas preocupaciones: llegar a fin de mes; cambiar la cita con el médico; la reunión con la tutora de los hijos; … las cosas corrientes de toda la vida.

Pero, de repente, por ciertos rumores y actividades de la propiedad, surgió la alerta: los nuevos propietarios, herederos de la anterior propietaria, estaban buscando comprador para la finca, un bombón inmobiliario por su situación privilegiada, a dos manzanas de la Sagrada Familia.

De repente pasamos de ser vecinos, ciudadanos, a ser “bichos”, víctimas colaterales que no tienen ningún peso en la cuenta de beneficios. Y, ya sabemos, antes que nada está el beneficio.